Acércate sediento by Max Lucado

By Max Lucado

Los cientificos nos aseguran que los seres humanos no podemos vivir sin agua, y ni siquiera lo intentamos. Pero ?sobrevivir sin Dios? Oh, eso si lo hacemos, tomamos un sorbo, lo saboreamos; sin embargo, estamos inclinados a pasar por largos periodos de tiempo sin un buen trago de los angeles fuente del Senor. Y pagamos un precio al hacerlo. Nos encogemos. Nos torcemos y retorcemos contra este mundo...los organos se endurecen...el corazon se endurece.

En este libro, renovador y vivificante, Max Lucado, nos guia a los cuatro nutrientes esenciales que cada alma necesita.

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Deja de tomar líquidos y observa lo que sucede. Los pensamientos coherentes se desvanecen, la piel se reseca y los órganos vitales se repliegan. Tus ojos necesitan humedad para llorar, tu boca necesita líquido para tragar, tus glándulas requieren sudor para mantener fresco el cuerpo, tus células exigen sangre para ser transportadas y tus coyunturas demandan fluido para lubricarse. Tu cuerpo necesita agua de igual modo que una llanta aire. De hecho, tu Hacedor te creó con sed para que sirva como «indicador de sequedad».

El guante que Dios quiere 9. No depende de ti Tercera parte Confía en su señorío 10. En Dios [casi] confiamos 11. ¿De qué sirve preocuparse? 12. Ángeles cuidándote 13. Dios es tu guardia Cuarta parte Recibe su amor 14. En busca de la profundidad 15. ¿Has oído el portazo en tu celda? 16. Enfrenta sin temor la eternidad 17. Si Dios te escribiera una carta Notas Guía para el lector La oración del sediento Anotaciones Prólogo Todos sabemos lo que significa estar sedientos, tanto física como espiritualmente.

Mientras él hacía señas al mesero, Meagan notó que Jesse se veía cansado. Él dijo muy poco mientras esperaba su café. Ella habló todavía menos, al principio. No obstante, tras romper el hielo, le contó toda su historia. Fue dejada por un novio en Missouri. Se cansó de su familia. Alguien le dijo que podía ganar dinero fácil haciendo comerciales. Huyó a la costa oeste. Se sometió a audición tras audición y rechazo tras rechazo. Finalmente decidió entrar a la escuela de cosme-tología. —Ni siquiera terminé el curso —confesó—.

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